Tocado por mujer

Publicado: 21 julio, 2014 en Mujer cubana trabaja en el campo

12Las vacas no entienden de lluvias, ni de ventoleras, lo de ellas es comer y a la misma hora de todos los días ser ordeñadas. Eso sí, cuando van a dar su leche, nada de ruidos extraños, ni personal ajeno y la comida que les toca, si no, hay muy poco que sacar.

Así lo ha aprendido Juana Idalmis Arista Martínez, una mujer que hace pocos meses asumió la administración de la vaquería 72 perteneciente a la Empresa Genética Matanzas, pero quien lleva 14 años lidiando con el ganado, labor que le ha valido la condición de Vanguardia Provincial del Trabajo, entre otros reconocimientos.

Con esa experiencia acumulada y un gran amor por los animales ha podido conocer sus mañas y costumbres, las señales del parto, si tienen mastitis u otras infecciones. También distingue los caracteres de las vacas y sabe el momento de quitarse del medio para no recibir una patada.

La  labor de su mano femenina asoma de vez en vez en las obras de los alrededores: las plantas de flores que adornan la entrada, la pintura recién dada, la organización de la vaquería y de los trabajos que en ella se realizan… y el olor a café a las dos de la mañana.

La colada resulta la primera ocupación del día, una jornada que comienza cuando otros, apenas, ponen la cabeza sobre la almohada y donde no existen los días feriados.

“El trabajo es continuo, aquí no se descansa. A esa hora se recogen las vacas en los cuartones y comenzamos el primer ordeño a las tres. Luego las regresamos al pastoreo. Limpio el equipo, la sala de ordeño, la de espera, echo agua en los bebederos, friego los comederos. Esto no para ni en tiempo de ciclón, por ninguna circunstancia.

“Por suerte contamos con un motor de petróleo para hacer funcionar el equipo en caso de fallo eléctrico, y un panel solar que alimenta el alumbrado y las cercas eléctricas, con ello ahorramos corriente”, dice Juana aliviada. Antes al irse la luz solían alumbrarse con molestos mechones o chismosas.

Desde las 10 de la mañana las lecheras permanecen en las naves, protegidas del sol y comiendo en reposo el kingrás o caña que uno de los vaqueros les sirve con sal o urea. Se preparan para la extracción vespertina de las dos de la tarde y todo vuelve a iniciar. A las cinco vuelven al pastoreo.

La mitad de las 106 rumiantes a su amparo son gestantes y dan leche hasta los siete meses, momento en que reciben “la licencia de maternidad, como si de personas se tratara”, sonríe Juana, y pasan separadas del resto hasta que paran.

“Un parto puede complicarse por eso las observamos constantemente, si el ternero viene en mala posición hay que ayudarla y a veces son dos.

“Solo amamantarán siete días, entonces el recién nacido es llevado a la recría y la madre incorporada al ordeño. En menos de tres meses el inseminador hará su trabajo. Una res puede parir todos los años, claro tiene que estar bien alimentada y sana.

Todas han sido bautizadas en dependencia de sus características: Mayra, Shakira, Juana, Martica, Linda, Luisa, Milagros, Libertad… pero dos de ellas son notables: Mariposa por su mansedumbre y Avión porque vuela cada cerca. Y son recordadas, aunque ya no estén, por su valioso aporte: Adela que llegó a dar 31 litros, Juana 25 y Aspirina 30.

Pero Juana Arista no está sola. “Tengo tres vaqueros, uno de ellos de 25 años, Noel, con el cual tengo cierta consideración durante los fines de semana, para que se divierta un poco en su juventud; el otro es Ismael; e Isidro, mi esposo, que valga él puedo salir adelante porque me ayuda mucho, compartimos el trabajo, las tareas del hogar y la crianza de los hijos”.

Al distribuir el trabajo les asigna tareas separadas, de lo contrario se ponen a conversar y no adelantan, ese es uno de sus secretos. “Para dirigir a hombres hay que demostrar que aunque uno sea mujer puede hacer todo lo que ellos, chapear, moler caña, cortar kingrás, regar materia orgánica. Cuando yo llamo la atención por algo, nadie me puede recriminar.

Desde el 2000 el centro es una Vaquería Escuela donde los alumnos de la Universidad vienen a adquirir experiencias.

Tienen los campos sembrados de hierba fina, pasto estrella, kingrás y cinco hectáreas de caña para la época de seca. Además, aspiran a cultivar morera, moringa y otras especies de alto valor nutritivo para el ganado.

El resultado no se hace esperar: entregan 384 litros de leche diario, un total de 8.3 litros por vaca y con una calidad de 2.56, por encima de las indicadores establecidos.

“Para hacer esto hay que vivir aquí. Somos vaqueros y custodios porque velamos por los bienes del estado. Uno tiene que tener amor al trabajo. Llegará el tiempo de irnos pero mientras pueda trabajar con fuerza y salud no me voy”.

Al preguntarle a esta vaquera que ha representado a la mujer matancera en los recién celebrados Congresos de la Federación de Mujeres Cubanas y en el de la Central de Trabajadores de Cuba por lo más difícil de su labor expresó con prontitud: “con un colectivo unido no hay nada difícil”.

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