María Cristina quiere gobernar

Publicado: 16 junio, 2014 en Uncategorized

Maria-Cristina-22-copiaEn Jovellanos casi todos la conocen o al menos han oído hablar de ella. María Cristina Sotomayor Gumat tiene historias que contar. Aunque no sea la inspiración del reconocido compositor cubano, Ñico Saquito, quiere gobernar.

El próximo 7 de julio cumplirá 40 años como delegada del Poder Popular, una fundadora en activo que no ha cejado jamás en su empeño de servir al pueblo. Ni siquiera cuando cumplió misión en Venezuela pudo desligarse de sus obligaciones, resolvía los problemas por correo electrónico.

Figuran en su hoja tres mandatos como delegada a la Asamblea Provincial y dos como diputada a la Asamblea Nacional. Tuvo la oportunidad de compartir, junto a Blas Roca Calderío, las experiencias del gobierno democrático que se instauraba en Cuba con los países de la entonces Europa socialista.

Y en numerosas ocasiones ha tenido al Comandante Fidel ahí de cerquita. De hecho, entre sus tesoros más preciados conserva la foto que le tomaron con él, ocasión en que la encomió por sus 25 años en el Poder Popular.

En junio de 1974, recuerda, se ultimaban los detalles para celebrar las primeras votaciones luego del triunfo revolucionario “era una nueva experiencia y todos estábamos aprendiendo”. Había sido elegida como candidata en la propia asamblea de nominación que dirigía.

Con tan solo 24 años y una nena pequeña, María Cristina quedó finalmente elegida en segunda vuelta para representar a los jovellanenses en el máximo órgano de poder local, la Asamblea Municipal.

Pero, ¿cómo esta mujer dedica más de la mitad de su vida a la actividad? y ¿por qué no deja de ser una servidora en la base?

En 1959 la alegría se desbordó en los corazones del pueblo. La multitud salió a festejar, entre ellos la familia Sotomayor Gumat, quienes habían luchado clandestinamente. La pequeña de nueve años lo vio todo, no podrá olvidar la emoción que sintió al ver ondear su bandera.

Desde entonces quedó conmovida por un proceso con oportunidades para todos. Se propuso participar en las actividades. A los 14 años se hizo federada y cederista, al unísono estudiaba para convertirse en profesora.

Después de 1974 “vivimos una etapa muy bonita”, cuenta la también licenciada en Filosofía. “Nos dedicábamos a resolver los problemas, por ejemplo esa calle que ves ahí”, y nos enseña la del frente de su casa, “la echamos nosotros”.

“Hicimos muchas cosas”, dice regocijada, “el fondo habitacional de Jovellanos mejoró muchísimo con el Poder Popular, el poblado de Carlos Rojas se hizo prácticamente nuevo, se crearon los mercaditos comunitarios, placitas, mejoró el transporte, se organizaron los servicios de salud…

“Los delegados nos íbamos para Camagüey en una rastra a buscar cemento. Teníamos mucha unidad con el comité ejecutivo. Ayudábamos en cualquier circunscripción, como si fuéramos hermanos.

“Esa primera asamblea tiene para mí un valor extraordinario. Éramos 43, algunos con muy bajo nivel cultural pero todos con muchos deseos de hacer las cosas y bien. Blas Roca nos visitó en varias ocasiones y me correspondió acompañarlo en una delegación a Europa.”

Pero sobrevinieron los duros años del Periodo Especial y las cosas cambiaron. “Fueron momentos muy duros, a veces no teníamos ni qué comer. A aquellos con problemas sociales no les podíamos ofrecer todo lo que necesitaban a pesar del esfuerzo del país.

“Perdimos muchas cosas, sin embargo, el pueblo respondió. Ante aquello malo había más decisión de enfrentarse, ahora convivimos con las indisciplinas sociales. Se ha creado mucho individualismo.

“El Poder Popular para mí constituye uno de los logros más grandes de la Revolución y si no actuamos como debemos, podemos correr el riesgo de perderlo. Este es el único país donde se selecciona a las personas desde la base y nuestros electores tienen la posibilidad, el derecho de deponer a cualquiera de su cargo porque está actuando mal, aunque la mayoría de las veces no lo hacen. Son elementos que nos protegen en el ejercicio de la democracia.

“Al pueblo hay que vincularlo más al Poder Popular, darle responsabilidades en tareas importantes de la vida cotidiana. A veces se rechaza la política porque se cree que son reuniones de parlamentos nada más, pero incide en nuestra vida cotidiana y todos estamos vinculados de una forma u otra a ella. De acuerdo a las políticas que se tracen viviremos mejor o peor y por tanto si tenemos la oportunidad de participar en trazar y variar políticas, las personas deben tomar conciencia de eso.”

Aunque han pasado cuatro décadas y siente el cansancio de los años, no piensa abandonar sus responsabilidades a menos que sea para cederles paso a los jóvenes.

“Me gusta trabajar siendo parte del pueblo. Ser delegada encierra muchas cosas para mí, en primer lugar me hace ser mejor persona porque hay que pensar primero en los demás que en uno mismo. Me ha enseñado que la vida es más que la casa, la familia y el trabajo, es ayudar a los otros.”

 

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